EQUIDAD HORIZONTAL EN LA POLÍTICA TRIBUTARIA
Comprender por qué gravar a iguales no es tan sencillo como parece en la práctica. La equidad horizontal revela profundas complejidades en las estructuras tributarias y la equidad.
A los responsables políticos les importa la equidad horizontal porque mejora la credibilidad y la aceptación del sistema tributario. Si el público percibe las leyes tributarias como sesgadas o injustas, incluso entre quienes perciben los mismos ingresos, el cumplimiento se reduce y la confianza general en la gobernanza puede erosionarse. Por lo tanto, si bien la equidad horizontal es ideal en principio, lograrla exige sortear un campo minado de realidades económicas y sociales con matices.
En resumen, si bien el objetivo de la equidad horizontal es noble y fundamental para un sistema tributario justo, las variables del mundo real —económicas, sociales e institucionales— dificultan enormemente su aplicación precisa. Incluso las políticas tributarias mejor intencionadas deben lidiar con objetivos contrapuestos, lo que complica cualquier intento de lograr la equidad pura.
La adopción de deducciones personales y estándar también puede fomentar la equidad horizontal al crear exclusiones de base uniformes que se aplican de forma generalizada, independientemente del estado civil o la fuente de ingresos. Sin embargo, incluso en este caso, matices como las diferencias regionales en el costo de la vida o los gastos de vivienda introducen efectos desiguales, lo que socava la integridad del principio.
Algunas jurisdicciones intentan abordar estos problemas mediante sistemas automatizados que estandarizan las deducciones o mediante algoritmos de comparación de ingresos en las auditorías fiscales. La tecnología ofrece herramientas valiosas para identificar inconsistencias que violan la equidad horizontal. El análisis de datos y los sistemas de cumplimiento basados en IA permiten a las autoridades fiscales comparar mejor a contribuyentes similares y detectar anomalías, aunque estos sistemas deben actuar con cautela para proteger la privacidad y evitar falsos positivos.
Las comparaciones internacionales también proporcionan información sobre qué funciona y qué no. Por ejemplo, países como Nueva Zelanda son reconocidos por sus códigos tributarios relativamente simples con menos tratos preferenciales, lo que resulta en sistemas más cercanos al ideal de equidad horizontal. Mientras tanto, sistemas más complejos, como los de Estados Unidos o el Reino Unido, a menudo se quedan cortos a pesar de la enorme infraestructura administrativa dedicada a la recaudación de impuestos. En última instancia, si bien la búsqueda de la equidad horizontal puede que nunca resulte en una igualdad de trato perfecta, sigue siendo un criterio crucial para evaluar las políticas tributarias. La transparencia en la formulación de políticas, la reevaluación periódica de las leyes tributarias y la consideración equitativa de la variación socioeconómica son vitales para que este principio sea más viable, si no absoluto.