MEDICIÓN DEL RIESGO A LA BAJA: SEMI-VARIANZA, VAR Y DÉFICIT ESPERADO
Explore la semivarianza, el VaR y el déficit esperado para evaluar los riesgos financieros negativos con mayor precisión y tomar decisiones de inversión informadas.
¿Por qué utilizar medidas de riesgo a la baja?
Muchos gestores de activos se basan en medidas de riesgo a la baja para captar el comportamiento real de los inversores: a las personas les disgustan más las pérdidas que las ganancias. Según las finanzas conductuales, esta aversión a las pérdidas conduce a una toma de decisiones irracional si el riesgo no se gestiona adecuadamente. Como resultado, la incorporación de métricas de riesgo negativo en el análisis financiero proporciona:
- Mejores evaluaciones de riesgo para carteras con distribuciones de rentabilidad asimétricas
- Mejor evaluación del rendimiento al contabilizar únicamente las rentabilidades negativas
- Mejor cumplimiento de los requisitos regulatorios que exigen el análisis de escenarios de estrés y riesgo
- Herramientas útiles para instituciones con pasivos definidos, como fondos de pensiones o seguros
Herramientas como la semivarianza, el VaR y el ES ofrecen perspectivas complementarias, que ilustran el alcance y la frecuencia de las pérdidas que superan un umbral o una expectativa preestablecidos.
La semivarianza es una medida estadística de la volatilidad a la baja. A diferencia de la desviación estándar, que considera tanto las desviaciones positivas como las negativas de la media, la semivarianza solo considera las rentabilidades inferiores a la media. Esta medida refleja la volatilidad de las rentabilidades más importantes para los inversores reacios al riesgo: aquellas que indican una pérdida potencial.Matemáticamente, la semivarianza se calcula como la desviación cuadrática media de todas las rentabilidades inferiores a la media:
Semivarianza = (1/N) Σ (Mín(0, R_i - Media))^2Aquí, Ri son las rentabilidades individuales y N es el número de rentabilidades inferiores a la media. Este enfoque en los resultados que generan pérdidas convierte a la semivarianza en una métrica de riesgo preferida por inversores conservadores y gestores de cartera.
Aplicación en la Teoría Moderna de Carteras
La Teoría Moderna de Carteras (TMP) enfatizó originalmente la optimización de media-varianza, que inherentemente supone una evaluación simétrica del riesgo. Sin embargo, las distribuciones de rentabilidad empírica a menudo se desvían de la normalidad, presentando asimetría y colas gruesas. En estos entornos, la semivarianza proporciona una visión más realista del riesgo:
- Optimización de cartera a medida para la protección contra pérdidas
- Mejor alineación con las preferencias de los inversores, centradas en la minimización de pérdidas
- Ratios de Sharpe mejorados, como el ratio de Sortino, que utilizan la semidesviación
Su utilidad se extiende a la construcción de fronteras eficientes basadas únicamente en la variabilidad a la baja, reduciendo así los errores de aproximación causados por los modelos basados en la desviación estándar.
Limitaciones de la semivarianza
A pesar de sus beneficios, la semivarianza presenta ciertas limitaciones. En primer lugar, no captura resultados negativos extremos más allá de la desviación media histórica. En segundo lugar, asume que los datos de rentabilidad pasada representan el rendimiento futuro, lo que podría no ser cierto en mercados turbulentos. Por último, sus requisitos computacionales aumentan significativamente con carteras no lineales y multiactivos, lo que reduce la eficiencia de los sistemas de gestión de riesgos en tiempo real. No obstante, la semivarianza aporta mayor precisión en la evaluación de los riesgos que realmente preocupan a los inversores y fortalece las bases para métricas más avanzadas centradas en las pérdidas, como el Valor en Riesgo y el Déficit Esperado.
El Valor en Riesgo (VaR) es una medida de riesgo ampliamente utilizada que estima la pérdida potencial de valor de un activo o cartera durante un período definido, para un nivel de confianza dado. Proporciona un límite probabilístico para las pérdidas, respondiendo a la pregunta: "¿Cuál es el máximo que puedo perder con un x% de confianza durante un período y?".Por ejemplo, un VaR de un día de 2 millones de libras esterlinas con un 99% de confianza implica que existe un 1% de probabilidad de que la cartera pierda más de 2 millones de libras esterlinas en un solo día. Existen varios métodos para calcular el VaR:
- Simulación histórica: Basada en rentabilidades pasadas reales
- Método de varianza-covarianza: Supone una distribución normal de las rentabilidades
- Simulación de Monte Carlo: Utiliza modelos estocásticos para simular escenarios de rentabilidad
Cada metodología tiene sus ventajas y desventajas en términos de precisión, requisitos de datos e intensidad computacional. Las instituciones financieras suelen utilizar una combinación para verificar la fiabilidad.
Importancia regulatoria y práctica
El VaR se ha convertido en un elemento regulatorio básico bajo los marcos de Basilea III para los bancos y bajo Solvencia II para las aseguradoras. Desempeña un papel crucial en la determinación de los requisitos de reserva de capital diseñados para resistir eventos adversos del mercado. Además, se utiliza ampliamente en:
- Informes de riesgos para las partes interesadas, como la alta dirección, los inversores y los reguladores
- Límites de riesgo de mercado para evitar la sobreexposición en entornos volátiles
- Gestión de tesorería y evaluación comparativa del rendimiento de las rentabilidades ajustadas al riesgo
La amplia aceptación del VaR se debe a su simplicidad de interpretación; Sin embargo, la simplicidad también puede enmascarar los riesgos subyacentes.
Críticas y limitaciones del VaR
A pesar de su sólida base, el VaR ha recibido críticas por varias razones:
- No indica el alcance de las pérdidas más allá del umbral de confianza
- Supone condiciones de mercado estables y correlaciones históricas
- Es vulnerable a la subestimación del riesgo en distribuciones no normales
Por estas razones, confiar únicamente en el VaR podría generar una falsa sensación de seguridad. En respuesta, los reguladores y el mundo académico han fomentado el uso complementario de métricas como el déficit esperado (ES), que captura mejor el riesgo de cola.